¿Se va a hundir el Euro?

14 noviembre 2011

I.- Ante la situación agónica de Italia y Grecia todas las alarmas han saltado. Siempre sostuve que el problema de la U.E. no era Grecia – 2% del PIB – sino la berlusconiana Italia. No se puede resistir mucho tiempo con una deuda del 120/130% del PIB, sin crecer desde hace diez años y con un jefe de Gobierno acorralado por los procesos judiciales, que mira por sus intereses privados y es socio de un personaje trabucaire – Bossi- cuya única obsesión es no pagar impuestos, al tiempo que pretende la enloquecida operación de desgajar la Padania – el norte rico – de Italia. Así pues, Europa e Italia van a pagar muy cara la “era Berlusconi” con sus inmoralidades, trapacerías e irresponsabilidades. Lo único que se puede hacer es evitar que siga en el poder ni un día más y se lleve al euro por delante. La caída de Berlusconi – esperemos que el próximo lunes – y el nombramiento de Mario Monti será un alivio, pero no resuelve todos los problemas. Lo mismo que la designación de Papademos en Grecia será bien recibida pero los problemas seguirán ahí. En España, por su parte, quedan sólo diez días para el cambio de gobierno, de uno u otro signo, aunque la situación, en términos de deuda es mucho mejor.

II.- Me irrita la ligereza con que se comenta el posible final del euro o las especulaciones en torno a una U.E. a dos velocidades. Comprendo que haya sectores, dentro y fuera de Europa, a los que les gustaría que el euro fracasara, pues nunca les ha interesado la unión política de Europa. Pero debemos ser conscientes de que el final de la moneda única, además de suponer la consumación del proyecto europeo conduciría a una pérdida del 50% del PIB de la Unión, además de otras consecuencias económicas, políticas y sociales catastróficas. No creo, pues, que Europa se vaya a suicidar.

Cuando se especula en torno a un supuesto plan franco – alemán de una U.E. a dos velocidades, algunos no se han dado cuenta de que Europa ya camina a dos velocidades, los 17 países del euro y los 10 restantes, de los cuales 8 tienen la “obligación” de entrar y dos (Gran Bretaña y Dinamarca) aplicaron el llamado “opt-out”, en una palabra, poder quedarse fuera. Dado que los problemas los padecen algunos países del euro, tiene toda la lógica del mundo que el “eurogrupo” deba avanzar más rápido que el resto de la Unión en la profundización del gobierno económico, por cuanto ese “gobierno” tiene como base la moneda única. Sin euro no hay gobierno económico que valga. Y los países del euro, con Alemania y Francia a la cabeza, no pueden ni deben esperar al resto para tomar las medidas necesarias que contribuyan estabilizar la moneda común.

III.- Estas medidas son conocidas y están encima de la mesa. A cortísimo plazo, el Banco Central Europeo tiene que comprar bonos de países en dificultad, les guste a los alemanes o no. A un plazo algo más largo el BCE debería poder “monetizar” deuda, esto es crear moneda, dentro de ciertos parámetros; debería aumentarse hasta el billón de euros el FEEF; crearse el Tesoro europeo; alcanzarse una cierta armonización fiscal; controlarse los presupuestos nacionales; aumentar el presupuesto de la Unión, etc..Pero algunas de estas medidas exigirían la modificación de los Tratados y a eso habrá que ir en los próximos meses. Modificación puntual con el objeto de permitir un auténtico gobierno de la zona euro. El problema que puede surgir es que esta reforma necesita el voto unánime de los 27 y algunos países – léase Gran Bretaña - podrían oponerse a las reformas. En ese caso, los 17 del euro deberían aplicar las posibilidades que ofrece el Tratado de Lisboa en las llamadas “cooperaciones reforzadas”, siempre abiertas a nuevas incorporaciones. Lo que no pueden permitirse los países del euro es quedarse parados o parcheando sin cesar la situación.

IV.- Ante una situación tan grave como la actual ¿por qué se toman las decisiones tan lentamente?. En realidad, porque a todos los países no les va la fiesta de la misma manera. Por ejemplo, Alemania crecerá en el 2011 el 3% , no tiene casi paro, exporta sin parar y, prácticamente, le regalan el dinero para financiar su deuda, a un tipo de interés menor que la tasa de inflación, aunque tenga una deuda pública superior a la española. Sus urgencias y necesidades no son las mismas que las de Grecia, Italia, España, etc. A Alemania “mutualizar” la deuda, no le interesa a corto plazo – encarecería la suya –, si bien deberían comprender que su prosperidad no debe descansar en la ruina de los demás, porque al final también será su ruina. La prueba de ello son los últimos datos de la Comisión europea. La zona euro ralentiza el crecimiento y estamos al borde de la recesión, noticia preocupante para todo el mundo incluida Alemania. Es imposible crecer y crear empleo si se deprime el consumo y la inversión ¿o es que no conocen la composición del PIB?. Hay quien confía todo – la derecha – a la recuperación del crédito bancario pero éste va a tardar en llegar a la economía productiva, mientras invertir en deuda soberana, a tipos altos, sea un negocio redondo. La historia de las crisis demuestra que el primer empujón para la recuperación tiene que venir de las administraciones públicas y para que éstas tengan medios hay que aumentar los impuestos a los que más tienen, a las empresas que más beneficios obtienen, (como se acaba de hacer en Francia), a las transacciones financieras internacionales. Sólo con un gran plan europeo de inversiones junto con planes nacionales, empezaremos a salir de la crisis. Hay que sanear, sin duda, el sistema financiero con apoyo público – se han dedicado a este menester billones de euros – pero a cambio de que fluya el crédito, pues sino el Estado debe intervenir. De lo contrario, la indignación de los ciudadanos irá en aumento y la economía europea no saldrá del hoyo.

 

Un ciudadano europeo



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