¿Está el poder político? ¡Qué se ponga!
26 marzo 2012
Existe la creencia cada vez más extendida de que la crisis ha puesto en tela de juicio la capacidad de nuestro gobierno para gobernar. Bruselas, Merkel, el Banco Central Europeo, los mercados, los bancos alemanes, Sarkozy, ¡Merkozy!, cualquiera excepto nuestros representantes políticos son los que -se especula- marcan el designio de nuestras vidas.
No es de extrañar. El desenlace político de las dos legislaturas de Zapatero lo ha plasmado a la perfección. El giro copernicano de aquel novelesco mayo de 2010 ha simbolizado para muchos ciudadanos el debilitamiento de la política frente a las exigencias del poder económico . Pero esta situación no se supedita sólo a España. En Estados Unidos, por ejemplo, si el Obama-candidato representaba la necesidad de la vuelta de la política, tras los rescates a los bancos el Obama-Presidente representó los límites de la misma.
Se cree, pues, que el poder político, y la política en general, están perdiendo su capacidad para transformar la realidad. Nuestra democracia -se dice- pierde su esencia. O, dicho de una forma menos poética, el autogobierno -entendido como la capacidad de tomar decisiones colectivas a partir de las preferencias de la mayoría- se desacopla del principio de igualdad política. No todos contamos igual a la hora de escribir las reglas del juego. (Para una clara y amena discusión sobre esta cuestión véase Sánchez-Cuenca, 2010 ).
Esta creencia se ve en cierta medida reflejada en las percepciones de los españoles sobre el poder. La Fundación Alternativas ha publicado un estudio ( Zoom Político 2011/07 ) en donde se analiza la opinión de los españoles respecto del poder político frente al poder económico. Vale la pena destacar alguno de sus hallazgos.
Los españoles identifican a los bancos (32%) como los actores con más poder en España, seguidos muy de cerca por el gobierno (26%) y a gran distancia de instituciones o colectivos como los medios de comunicación (9%), los partidos políticos (8%) o el Parlamento (3%). No obstante, la percepción de desequilibrio entre bancos y gobierno se amplifica entre las personas de clase alta/media-alta, de mediana edad, que vive en poblaciones urbanas, con educación universitaria o superior, y que se considera más informado que la mayoría de la gente.
Aún más relevante, resulta el dato de que -sin haberse producido aún el giro del gobierno socialista en la gestión de la crisis (febrero 2009)- un 44% de los encuestados ya declaraba identificar cierto grado de desprotección del poder político respecto a las presiones del poder económico. Dicha percepción -transversal a la ideología- está asociada a una evaluación negativa sobre el funcionamiento de la democracia y el Estado de Bienestar. Los que perciben que el poder político está sometido al poder económico están menos satisfechos con la democracia, evalúan sistemáticamente peor la capacidad de la misma para reducir las desigualdades económicas, y tienen una visión más crítica respecto a la provisión de los principales servicios públicos (sanidad, educación y pensiones).
De cómo se atiendan los desequilibrios entre el poder político y el poder económico, pues, dependerá la solidez y la coherencia de nuestra democracia. Es por tanto imprescindible que la recuperación de la autonomía de la política frente a los poderes económicos esté en la agenda de la regulación de la globalización y de la renovación del proyecto socialdemócrata.
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